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Semblanza del
Dr. PATICO DANERI
Primer Médico Pediatra de
Gualeguaychú
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Nació en Concordia, el 22 de Noviembre de 1.900, sus
padres Juan Francisco Daneri y Angélica Lucía Rodríguez, le impusieron el
nombre de Luis Antonio Ladislao, pero sería vastamente conocido por el
sobrenombre de Patico. El fue el mayor de cinco hermanos.
Llegado a Gualeguaychú cursó la escuela primaria en la Escuela Nº 1
“Guillermo Rawson” y en el nivel secundario, integró la segunda promoción
de bachilleres del Colegio Nacional “Luis Clavarino”.
Respondiendo a una verdadera vocación abrazó la carrera de medicina y se
graduó en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos
Aires, en el año 1.926.
Ejerció su profesión como Médico de Niños en Gualeguaychú, siendo
Patico, el primer especialista de la ciudad.
Formó su hogar con Angélica Josefina Anastasi y de esa unión nacieron
cuatro hijos. Al fallecer su esposa, tiempo después, contrajo nuevas
nupcias con Maria Dominga Raffo con la que tuvo tres hijos.
Fue médico filántropo, amó a los niños y volcó en ellos su sabiduría, su
comprensión, su paciencia, los atendió con empeño y generosidad. Su
consultorio se abrió a todas las clases sociales y las más humildes o de
escasos recursos encontraron allí, además del consejo sabio, el
medicamento adecuado, sin esperar por ello retribución alguna.
Su capacidad de médico fue reconocida, es así que la Academia Americana de
Pediatría le otorga el Certificado de Amigo de la Academia en Octubre de
1.971 y la Sociedad Argentina de Pediatría le extiende el diploma de
Médico Pediatra, eximido de la prueba de capacitación, el 26 de Junio de
1.975 y en 1.976 lo designa Miembro Vitalicio.
Ocupó la cátedra como Profesor de Ciencias y Letras, Zoología y Botánica
en el Colegio Nacional Luis Clavarino con tres horas semanales para la que
fuera designado el 7 de Abril de 1.937.
Fue Medico Escolar Ad-Honorem del Colegio Nacional, cargo que ocupó desde
el 10 de Febrero de 1.943.
Atendió la Sala de Niños del Hospital Centenario con verdadera vocación de
servicio.
Fue un hombre de principios, honesto en su profesión y en su vida privada,
amigo de sus amigos con una profunda fe en Dios.
Actuó en política en el partido Demócrata y fue proclamado Senador
Suplente en el año 1.935.
En su acción gremial integró el Círculo Médico de Gualeguaychú y ocupó la
presidencia.
Tuvo afición por los deportes y actuó con entusiasmo en el Club Central
Entrerriano en el que integró su Comisión Directiva, en el Club Hípico del
cual fuera fundador y en el Club Recreo Argentino. Se relacionó con los
oficiales de caballería y lo nombraron, en 1.950 Socio Honorario del
Casino de Oficiales del Regimiento 3 de Caballería Brigadier “Martín
Rodríguez”.
El Barrio Franco, poblado por gente humilde, supo de su constante afán, de
su desinterés y sabiduría, de su permanente preocupación por su
semejantes, que no tuvo pausas porque concurría donde se lo necesitara, a
toda hora y en cualquier momento.
Emprendió la urgente necesidad de hacer medicina preventiva a los niños de
las barriadas pobres, dándoles consejos higiénicos a las madres,
vacunación y medicación adecuada, junto con la leche, el alimento
indispensable para crecer sanos y la atención de los infantes de las
madres que trabajan.
Así fundó el Dispensario de Lactantes con el auspicio de la Municipalidad
de Gualeguaychú durante la intendencia de Don Pedro Jurado el 6 de Enero
de 1.936.
Con la atención desinteresada del Dr. Patico y la colaboración de un grupo
de damas, las madres encontraron allí asistencia preventiva y curativa
para sus hijos y el alimento y los medicamentos que precisaban.
El Dispensario prolongó su acción en el Hogar del Niño Jesús que brindó
cuidados y alimentación a los niños de madres trabajadoras.
Por iniciativa del Padre Colombo se fundó el Patronato de la Infancia que
dio apoyo económico al Dispensario. Esta magnífica obra continúa su acción
llevando el nombre del recordado médico fundador.
Con la misma modestia y con la misma sencillez que vivió siempre, murió en
Gualeguaychú a los 78 años, el 24 de Febrero de 1.979 rodeado del cariño
de su pueblo que lo recuerda, con su guardapolvo blanco, con su sonrisa
pronta, con su buen humor, atendiendo a sus niños con dedicación y con
profundo amor.
Un recuerdo para Patico Daneri
Su recuerdo permanece inalterable para su familia, en
quienes compartieron con él jornadas agotadoras de trabajo y también,
claro, en todos aquellos que mantienen asociada a la niñez la figura de
ese hombre enorme, de voz particular, que llegaba cuando la enfermedad
robaba las ganas de jugar.
El Dr. Patico Daneri ejerció su profesión en un tiempo en que los consejos
de especialistas no eran masivos como ahora.
“Patico les daba a las madres todo escrito – recuerda su esposa
Changa, como prefiere que le digamos- indicándoles como debían darle el
pecho y cada cuantas horas hacerlo; cuando llegaba el momento de
incorporar la mamadera, también les indicaba con detalle con que
proporciones prepararla. Las atendía de mañana y les pedía que lo llamaran
por la tarde para contarle cómo había respondido el bebé”.
El momento de inicio de la comida sólida también tenía secretos y Patico
los dominaba.
“Después de mucho tiempo de comer papilla salada, recién llegaba el
momento de incorporar alimentos dulces – sigue relatando su esposa –
porque el chico, si conoce primero el sabor dulce, rechaza todo lo que sea
salado.”
“Jamás entraba al Consultorio sin el guardapolvos; incluso, tenía un
lugar establecido en la casa para dejarlo, porque era sumamente cuidadoso
de la higiene.”
Maruca
Díaz comenzó a trabajar como asistente en el consultorio cuando contaba
unos diecisiete años.
“Atendía la puerta, recibía los llamados y anotaba cuando debía ir a
alguna casa, porque en aquél tiempo, se hacían “visitas” – relató,
utilizando un término que con el tiempo devino a “consultas domiciliarias”.
Entre las innumerables tareas de Maruca, estaba la de tranquilizar a las
mamás muy ansiosas, “conversando con ellas mientras llegaba la hora de
su turno”.
“Yo era la encargada de desvestir los chicos, pesarlos y medirlos,
volver a vestirlos y, si lloraban mucho, me los llevaba fuera del
consultorio para que el Doctor pudiera hablar tranquilo con la mamá”.
Patico fue de esos médicos que, cuando los pacientes le dejaban un rato
libre, se encerraba en su consultorio a estudiar. A seguir estudiando.
En su casa lo recuerdan levantándose muy temprano para concurrir
indistintamente al Hospital y al Dispensario de Lactantes, al Colegio
Nacional (donde ejerció como profesor) y atendiendo el consultorio hasta
terminar con el último paciente.
“Cuando un chiquito no estaba bien, le hacía llamar a la madre tres o
cuatro veces en el día para seguir de cerca su estado” – recuerda su
esposa.
“Patico salía muy poco de noche. Tenía por costumbre ver a sus enfermos
antes de acostarse. Incluso, muchas veces, a la vuelta de algún baile del
Club Recreo, fuimos hasta el Hospital, sin pasar por casa, para ver cómo
evolucionaba algún paciente internado” – agrega.
Patico Daneri nació con el siglo, un 22 de noviembre de 1900. Murió el 24
de febrero de 1979, a los 78 años.
En su persona, homenajeamos a quienes viven con el convencimiento de su
vocación.
Porque los tiempos cambian, es cierto.
Pero hay valores que permanecen inalterables.
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